Los niños que sufren acoso escolar a
menudo llevan consigo las secuelas de sus experiencias en la edad adulta
y padecen de ansiedad, depresión y pensamientos suicidas, según indica
un nuevo estudio.
Hasta los acosadores mismos corren el
riesgo de tener problemas psicológicos más adelante, añadieron los
investigadores. Y los niños que han sido tanto perpetradores como
víctimas son los que más sufren de adultos.
“Se ha investigado mucho sobre cómo el
acoso afecta a los niños a corto plazo. En nuestro caso, realizamos un
seguimiento a niños hasta un poco más allá de los 20 años de edad, para
ver si las consecuencias de haber sido víctimas de acoso escolar
persistían”, explicó el autor del estudio, William Copeland, profesor
clínico asistente en el departamento de psiquiatría y de ciencias de la
conducta de la Universidad de Duke en Durham, Carolina del Norte.
“Hallamos que los niños que habían sido
víctimas de acoso en la infancia aparentemente tenían un riesgo elevado
de una gran variedad de trastornos de ansiedad al hacerse adultos”,
comentó. “Los niños que fueron víctimas de acoso y que también acosaron a
otros niños son los que, al parecer, les fue peor. En la edad adulta,
se sentían deprimidos y llegaron a pensar en autolesionarse. A largo
plazo, son los que tienen los peores resultados”.
Copeland cree que la solución es clara.
“Si pudiéramos crear una cultura en las
escuelas en la que no se permita que ocurra esto, entonces pienso que
podríamos evitar muchos de estos problemas”, opinó.
El informe se publicó el 20 de febrero en la edición en línea de la revista JAMA Psychiatry.
Para ver los efectos a largo plazo que
provoca el acoso escolar, el equipo de Copeland recopiló los datos de
más de 1,400 niños que participaron en el estudio de Great Smoky
Mountain.
Cuando empezó el estudio, estos niños de
Carolina del Norte tenían 9, 11 y 13 años de edad. Se entrevistó a los
niños y a sus padres cada año hasta que los niños cumplieron los 16 años
y, a partir de entonces, de forma periódica.
Cada vez que se entrevistó a los niños,
se les preguntó si habían sido víctimas de acoso escolar o de las burlas
de los demás, o bien si ellos habían acosado a otros.
En total, el 26 por ciento de los niños
afirmaron que habían sido víctimas de acoso y el 9.5 por ciento admitió
que habían acosado a otros o que habían sido tanto acosadores como
víctimas, hallaron los investigadores.
Años después, cuando los participantes
en el estudio ya eran adultos, los investigadores entrevistaron a más
1,200 de ellos para preguntarles acerca de su salud psicológica.
Hallaron que tanto los que fueron
víctimas de acoso escolar cuando eran niños y los que habían sido tanto
acosadores como acosados tenían un riesgo mayor de tener problemas
psicológicos que los que no sufrieron acoso.
Esos problemas consistían en trastornos
depresivos, trastornos de ansiedad, ansiedad generalizada, trastorno de
pánico y agorafobia, que es la ansiedad de sentirse atrapado en un
lugar.
Los que fueron ambas cosas, acosadores y
víctimas, además de estar en riesgo de ansiedad y depresión, tenían los
niveles más altos de pensamientos suicidas.
Los acosadores también estaban en riesgo
de desarrollar un trastorno antisocial de la personalidad, que la
Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. define como un patrón actual
de “manipulación, explotación o violación de los derechos de las demás
personas”.
Para asegurarse de que sus hallazgos se
debían solamente al acoso escolar, los investigadores tuvieron en cuenta
otros factores como la pobreza, el abuso y la vida doméstica inestable o
disfuncional, que podrían haber contribuido a la aparición de los
problemas psicológicos.
Un experto afirmó que en muchos casos
los acosadores y las víctimas tenían problemas de salud mental previos y
que se mantienen en la edad adulta.
“Eso no nos debería sorprender, porque
la mayoría de los problemas de salud mental se originan en la
adolescencia o en la infancia”, señaló el Dr. Victor Fornari, director
de la división de psiquiatría infantil y adolescente en el Sistema de
Salud North Shore-LIJ en New Hyde Park, Nueva York.
“Por esa razón la intervención temprana es importante, a fin de cambiar el curso de los acontecimientos problemáticos”, aseguró.
Ignorar el problema no es el modo correcto de actuar, indicó Fornari, y los padres han de tomar estos problemas en serio.
“Los padres que son conscientes de que
su hijo o bien acosa a otros niños o bien es acosado, deberían acudir a
la atención de salud mental, porque muchos de estos jóvenes
desarrollarán trastornos que se beneficiarían del tratamiento”, añadió.
