• La resaca sexual


    (Foto archivo)
    Tras el coito muchos seres humanos tienen comportamientos especialmente románticos con su pareja, otros simplemente se quedan mirando al techo. En la mayoría de los organismos el apareamiento tiene consecuencias biológicas que van más allá de la simple transferencia de esperma y permiten proteger la inversión genética que acaban de realizar. Un descubrimiento reciente nos permite conocer algunos aspectos moleculares de este proceso.
    Las formas de protección del esperma implantado en la hembra para que se produzca finalmente un nuevo organismo tiene distintas lecturas en la naturaleza. En mamíferos se producen cambios durante el apareamiento que estimulan las defensas del aparato reproductor femenino, aumentando la probabilidad de éxito de la fecundación. En otros casos, como el de algunas aves y reptiles, tras la cópula, el macho se queda justo al lado de la hembra recien “conquistada” para disminuir las posibilidades de que un segundo candidato diluya o reemplace el esperma. La naturaleza ha llegado a seleccionar mecanismos muy sutiles que redundan en la protección del esperma implantado tras el apareamiento. Por ejemplo, en serpientes y algunos insectos el perfil de las feromonas de la hembra cambia tras la cópula, disminuyendo su capacidad de atraer a otras posibles parejas sexuales.
    Uno de los mecanismos descubiertos ahora es el de un componente del líquido seminal de la mosca de la fruta,Drosophila melanogaster, se trata del SP (“sex peptide”) o péptido sexual. La entrada de este compuesto en la circulación de la hembra a través del tracto vaginal le lleva, no sólo a mejorar la puesta de huevos, sino al mismo tiempo reduce la receptividad de la hembra a nuevas aventuras sexuales, favoreciendo por tanto la inversión genética del macho que inicia la cópula. Este mes la revista “Nature” (vol. 451:33-37) publica los resultados del grupo de Nilay Yapici de Viena, identificando los receptores sobre los que actua este péptido, tanto en el órgano sexual femenino, como en su sistema nervioso central modificando transitoriamente la conducta sexual de la hembra. Existen receptores parecidos en otros insectos lo que permite considerar la posible utilización de antagonistas de este receptor para el control de plagas o incluso el uso de agonistas del receptor para que las hembras de insectos no deseados disminuyan su apetito sexual.
    No se han encontrado homólogos de este receptor en vertebrados, lo cual no es de extrañar puesto que los genes implicados en reproducción tienen una alta tasa de cambios durante la evolución. No obstante, utilizando algoritmospara analizar la relación estructura-función de proteínas se observan algunas semejanzas entre componentes del fluido seminal de Drosóphila y de vertebrados. Quizá para algunas pueden existir razones adicionales para el uso del preservativo.